#PalabrasAbiertas: “Ustedes eligieron trabajar con los desechos de los desechados” (no apto para sensibles y bienhablantes)
Nota escrita por Juan Quelas, 19 de abril de 2026.
Cuando Catalina Hornos (fundadora de Haciendo Camino, una admirable Fundación) dijo esa expresión en su discurso del festejo por el 10ª aniversario de Módulo Sanitario, para mí el tiempo se detuvo ahí mismo.
Fue un momento de manifestación concisa de una realidad muy compleja que Catalina, con su propia experiencia de vulnerabilidad, condensó en una fórmula que vale la pena desentrañar.
La referencia, es su materialidad crasa y rasa, es evidente: instalando inodoros en nuestros baños, estamos trabajando con aquel recipiente que recibe “los desechos” (la mierda) de los desechados (por la sociedad). Sin embargo, la referencialidad inmediata esconde (o muestra: depende de cómo se perciba) una verdad más profunda.
La sociedad o, al menos, una gran parte de ella, considera a los pobres como desecho social -o sea, como mierda-. Hay muchas expresiones que escuchamos todos los días para referirnos a ellos: villeros, negros, cabecitas, cabezas de termo, cuando no directamente: mierdas. Es curioso como el ser humano puede llegar a creer que alguien elige voluntariamente ser pobre. Ser pobre es un espanto, y cuando esa pobreza involucra la gestión de los desechos fisiológicos, la pobreza es un espanto mayor. ¿A quién puede gustarle elegir vaciar un balde con mierda varias veces al día, y luego lavarlo a mano para desinfectarlo, de modo que otro miembro de la familia pueda volver a usarlo? Que esa tarea recaiga casi siempre en las mujeres, no es sino la muestra de que la vulnerabilidad es un espanto sobre todo para los más vulnerables de todos. A nadie le gusta ser pobre, porque la pobreza es un espanto para quien la vive. Pero salir de esa pobreza requiere un esfuerzo monumental, junto a condiciones políticas, sociales, comunitarias, sobre las que cada individuo no tiene voz ni voto. La pobreza, en casi todos los casos, depende de haber nacido en un lugar pobre. Los que no nacimos ahí tenemos serias dificultades para comprender de raíz todas las implicancias que esa afirmación tiene.
Cuando Catalina afirma: “Ustedes eligieron trabajar con los desechos de los desechados”, está creando el eslogan de una revolución. Nos dice que en el origen hay una elección (“ustedes eligen”); que supone trabajar (no sólo mirar, evaluar, juzgar); que de lo que vemos, vamos a los desechos (es decir, a la mierda, el descarte, lo que huele mal, lo que repugna, lo último); que esos desechos, a su vez, son de los desechados, creando una analogía de proporciones monumentales: la mierda es a los pobres, lo que los pobres son a la sociedad. Es crudo. Es real.
Cuando los voluntarios de Módulo Sanitario eligen trabajar con los desechos de los desechados, están haciendo un acto revolucionario: ir adonde nadie quiere ir; elegir hacerse cargo de las mierdas de otros, que no pudieron elegir casi nada; resolver un problema fisiológico y sanitario (además de ecológico, por cierto), pero resolver, a la vez, un problema infinitamente más grave: prestar atención a quienes (casi) nadie presta atención; ir gratuitamente a esos lugares de desechos y de desechados sin recibir paga, ni retribuciones materiales, ni sociales, ni laborales ni de ningún tipo. Gratuitamente significa: “porque sí”. Como cuando Angelus Silesius, un místico renano del siglo XVII habla de la razón de la existencia de la rosa: «La rosa es sin porqué; florece porque florece«, indicando de este modo una pura gratuidad, sin razón ulterior oculta.
No pocas veces me ha impresionado ver, con mis propios ojos, a un voluntario de Módulo Sanitario sumergido, literalmente, en la mierda de los pobres: a veces llueve; a veces los pozos ciegos rebalsan; a veces hace falta frenar un drenaje de aguas servidas. Cuando ocurre, hay voluntarios que no dudan: se sumergen en los desechos de los desechados, literalmente, para resolver la situación.
¿Hay algo más conmovedor?


