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#PalabrasAbiertas: La foto está movida

Nota escrita por Juan Quelas

La identidad personal se revela, fundamentalmente, en el rostro. Efectivamente, es casi imposible reconocer a una persona si uno le mira el codo, la pierna, o la nuca. Miramos a una persona y la reconocemos por su rostro, que resulta el epígono más claro de la persona como tal.

En una de las primeras construcciones de Módulo Sanitario, en 2016, saqué la foto de abajo. Mientras el equipo de voluntarios construía, yo me dedicaba -en esa época- a registrar fotográficamente las etapas de la intervención. Cuando días después vi la foto de la nena, lo primero que dije es: “La foto está movida”. Y el primer impulso fue borrarla. Sin embargo, me di cuenta de que la foto es una metáfora de lo que encontramos. Y que el defecto profesional de la foto es su virtud metafórica. La foto muestra, de un solo golpe, que la identidad personal se desdibuja si la persona no tiene un baño en el cual desarrollar sus hábitos de higiene diarios y donde hacer sus necesidades fisiológicas cotidianas.

Una persona va al baño entre 5 y 10 veces por día. Para orinar y defecar. Hay que sumarle 2 ó 3 veces en las que se lava los dientes diariamente. 1 vez más por la ducha diaria. Y 4 ó 5 veces más para lavarse las manos (antes de comer; después de ir al baño; después de ensuciarse con tareas domésticas o lúdicas). En total cada uno de nosotros vamos al baño unas 15 veces por día. ¿Qué pasa si no tengo baño? El esfuerzo de ir entre 5 y 10 veces por día a hacer pis y caca en un balde me resulta inimaginable. Una vez, una madre de Florencio Varela, me lo explicó crudamente mientras me mostraba el balde -impecable- que usaban para esos menesteres. Ella y sus dos hijos usaban ese balde. Cada vez que era usado -y vaciado- la mujer limpiaba a fondo el balde con lavandina. Y el balde -su inodoro real- volvía a estar impecable. 30 veces por día esa mujer empleaba su tiempo, su energía, su paciencia, su voluntad, su imaginario y su horizonte vital para limpiar el balde que ella y su familia usaban como inodoro. ¿Cómo haría esa mujer para poder trabajar? ¿Cómo haría para soñar un futuro mejor? ¿Cómo haría para liberar su mente para pensar salidas del laberinto material y social en el que se encontraba? En ausencia de un baño, la identidad de esa mujer se configuraba en torno a la emergencia: hacer las necesidades; limpiar el balde. Si tuviera que ser dicho en una imagen, sería exactamente como la de la foto de estas líneas: una foto borrosa.

Cuando los voluntarios de Módulo Sanitario construyen, con cada familia, su baño, hacen infinitamente más que instalar inodoros, duchas y bachas en un espacio cerrado, adosado a la vivienda existente. Lo que hacen es ayudar a que las identidades de las personas más vulnerables se hagan nítidas. Que se puedan revelar en lo que sólo se manifiesta cuando lo esencial está resuelto. Y, a la par que las identidades de los más vulnerables, se revela también la identidad de los voluntarios. Porque la vida propia se muestra tal cual es, con todas sus potencialidades, no cuando uno se repliega egoístamente sobre su propio ombligo para satisfacer supuestas “necesidades”, sino cuando se despliega amorosamente para descubrir las vidas ajenas, esas que quizás no fueron tan afortunadas en el reparto de los bienes del mundo.
La foto no está movida. La foto nos muestra la realidad tal cual es.

Y la foto posterior, cuando todos nos pusimos en juego, nos muestra la realidad como podría ser si nos ponemos juntos en acción. Porque la identidad se muestra cuando tenemos el coraje de cruzar los puentes que fueron hechos para transitarlos: de aquí allí; y de allí aquí. Porque la identidad se revela en el encuentro.

Escrito el 19 de abril de 2026, mientras un admirable grupo de voluntarios termina de construir 12 baños en La Plata.