#PalabrasAbiertas: Una bomba de sentido
Nota escrita por Juan Quelas, 19 de abril de 2026
La filósofa Adela Cortina dice, en un reciente reportaje: “Actualmente se está reforzando esta convicción de que necesitamos vivir nuestro sentido de pertenencia a distintos grupos, recurriendo a símbolos compartidos y a celebraciones rituales que nos llevan a sentirnos parte de un grupo”.
La frase, en sí misma, es una bomba de sentido en medio de un tiempo que cree que la verdad de lo humano reside en lo contrario.
Hay 3 afirmaciones que me gustaría tomar para pensar en Módulo Sanitario:
1. Sentido de pertenencia a distintos grupos
2. Recurrir a símbolos compartidos
3. Recurrir a celebraciones rituales
Vamos por partes:
1. Sentido de pertenencia a distintos grupos. Pareciera que, en la actualidad de nuestro país y en gran parte del mundo, el discurso predominante (al menos en lo que se amplifica por los medios de comunicación, empezando por las redes sociales, que no son ninguna comunidad, ni ninguna liberación, sino exactamente lo contrario) es el del individuo que construye su propia vida separándose del resto de las personas. Cuando eso ocurre, no sólo no hay construcción de la vida, sino sólo soledad, soledumbre y solitud. Una persona que pretenda construirse de espaldas al prójimo (y peor: a expensas del prójimo) encontrará aquello que construye: soledad absoluta. Es uno de los nombres del infierno (que no es, en absoluto, un lugar con un señor con un tridente y cuernos con un disfraz rojo: el infierno es un estado existencial). Nos salva ser personas en un todo que nos da sentido, holgura, apoyo, soporte, norte y destino. Es en comunidad como se construye la íntima personalidad, y no de espaldas a ella. La pertenencia existencial a grupos diversos es condición de sentido de la vida. Y Módulo Sanitario es un grupo con valor propio, que asegura a sus miembros que pueden encontrar sentido en esta comunidad y sus proyectos.
2. Recurrir a símbolos compartidos. Nos hicieron creer que lo único que existe es lo que se puede demostrar en los hechos materiales. “Esto es un facto”, escucho decir a los más jóvenes, que ni saben que facto es el nombre latino de la palabra castellana hecho, y que están adhiriendo inconscientemente a una tendencia que sobrevalora los hechos concretos y materiales en detrimento de los hechos simbólicos. No se puede vivir sin un inodoro (un facto) y no se puede vivir sin sentido de la vida (un hecho simbólico). No se puede vivir sin una ducha que garantice la higiene, el placer y el descanso (un facto). Y no se puede vivir sin una red de contención que sostenga en la lucha cotidiana (un hecho simbólico). La construcción de símbolos compartidos no es arbitraria ni discrecional. Son los símbolos mismos que se abren camino en la existencia compartido y se enseñorean en la existencia, como si fueran señales de tránsito: “es por acá”, parece decir, mientras señalan un camino nebuloso pero, por eso mismo, más real que los factos meridianos. La neblina es parte esencial del camino de la vida. Y en la neblina a veces están los mejores tesoros de la existencia. En Módulo Sanitario cada objeto es un símbolo: el inodoro, la ducha, los caños, la bacha, el techo, los clavos. No sólo tienen existencia material (lo cual es obvio). Tienen existencia simbólica. Cada persona vulnerable nos lo recuerda en cada construcción (casi nunca nos agradecen el baño en sí. Nos agradecen que los hayamos visto; que nos hayamos acordado de ellos; que no los consideremos un descarte).
3. Recurrir a celebraciones rituales. No es casual que en la cultura contemporánea los ritos sean vistos como rémoras de un pasado oscuro. Nos han ido eliminando los ritos, por arcaicos (cuando yo era chico, en mi pueblo esperábamos con ansias la fogata de San Juan y San Pedro. Todo el pueblo participaba. Salíamos en bicis, a pie o en autos a tirarnos agua por el carnaval. Esperábamos a Papá Noel con ansiedad y urgencia). Si nos sacan los ritos, nos quitan una dimensión esencial de nuestra existencia. Nos lo recuerda el Principito, que corrige a su amigo cuando se adelanta a la vita pactada: “Los ritos son necesarios”. Pero lo recuerdan nuestras abuelas cuando repiten siempre las mismas historias: no es senilidad. Es sabiduría. Los ritos nos humanizan, y Módulo Sanitario está lleno de ritos: La celebración con una cerveza la noche final de la construcción, siempre en el mismo bar (¡qué tragedia cuando nos cerraron el bar!); el encuentro de todos los voluntarios para celebrar con alegría lo realizado, 5 días después de la construcción; el regalo de cada voluntario, que lleva implementos para vestir el baño, porque a las instalaciones peladas les falta humanidad; el festejo, una por una, de las familias que van logrando entrar en el programa y se aseguran de tener su baño. Los ritos nos humanizan, y los ritos compartidos nos socializan, haciendo la vida posible y deseable.
La comunidad de Módulo Sanitario, que se fue construyendo (¿o que nos fue construyendo?) sabe por experiencia propia, que la comunidad, el símbolo y el rito son los 3 hilos con los que teje la urdimbre que sostiene la trama. Sobre esa urdimbre, cada voluntario aporta su estilo personal, único e irrepetible. Es el modo nuestro de tejer el tapiz de la humanidad, aportando aquello que sabemos hacer: reencontrar la dignidad perdida o herida; cruzar los puentes que nos unen; celebrar la vida que nos alberga. E incluir, siempre, en todo lugar, a toda costa, a aquellos que les dijeron que eran marginales. Para ponerlos en el centro de la vida que nos une a todos.