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Se bañan en un fuentón, comen en la cama y pasan frío: cómo se organiza una familia que vive en una casilla sin baño

Se bañan en un fuentón, comen en la cama y pasan frío: cómo se organiza una familia que vive en una casilla sin baño

Yamila hace tareas de limpieza y Cristian trabaja en la construcción, ambos en la economía informal. Lo que ganan les alcanza solo para que coman ellos y sus cuatro hijos. Mantienen su casa limpia y ordenada, pero no pueden hacer ninguna mejora. En la Argentina, hay 3,5 millones de historias similares.

Desde hace dos años, la familia está instalada en un terreno ubicado en la periferia del Barrio Agustoni, en Pilar, un municipio con muchos countries exclusivos y en el que tienen sede varios hoteles cinco estrellas.

Todas las noches, Yamila Barreto sueña con una casa digna. Una casa con techo y paredes de material, que tenga una cocina calentita en la que haya espacio para una mesa donde la familia pueda sentarse a comer. Que tenga también un baño interno con ducha y varios cuartos: uno para ella y su marido, otro para sus dos hijos varones, y otro para sus dos hijas.

A veces, ese sueño se interrumpe porque alguno de los chicos necesita ir al baño y hay que abrigarse –y abrigarlo– para salir y acompañarlo. El contraste entre su realidad y ese sueño es enorme. Tanto, que a menudo se deprime.

Su vivienda, una casilla prefabricada de 18 metros cuadrados, no cuenta con las comodidades mínimas para que ir al baño de noche sea una acción normal que sus hijos puedan hacer solos. Tampoco es posible ducharse. Ni sentarse a una mesa a comer en invierno. O dormir sin sentir frío.

Con 31 años, Yamila no recuerda cuándo fue la última vez que se pegó una ducha. Gracias a la casa de su mamá, sus hijos saben lo que es ducharse porque la familia nunca tuvo una ducha. Todos se bañan en un fuentón que se coloca en alguna de las habitaciones.

Mucho de esto cambiará una vez que la familia acceda a un módulo sanitario de emergencia, construido por la organización Módulo Sanitario, que anexaría a la casa un baño completo. Hasta que eso ocurra, la familia seguirá haciendo sus necesidades en un baño improvisado detrás de su casilla, en un espacio que no es hermético y en donde el inodoro descarga en un pozo.

Ir al baño de noche implica salir de la casa y rodearla, caminando por un terreno oscuro. En ese recorrido, bien sería posible cruzarse con ratas o con algún otro tipo de animal. Pero el peor miedo de la familia es cruzarse con un desconocido. Por eso, los hijos de la familia se aguantan las ganas. A los más chicos no siempre les sale y, muchas veces, terminan haciéndose encima. La más grande, de tanto aguantarse, comenzó con dolor en los riñones.

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