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Ensamblaje en barrio Luján, Florencio Varela.

Febrero comenzaba y el equipo de zona del barrio Luján iniciaba sus visitas a las familias para empezar a trabajar juntos y llegar a la construcción de Junio. Para fin de mes teníamos todas las familias asignadas y comenzábamos el proceso de creación de grupos de whatsapp para hacer el seguimiento de la parte de pagos que hace cada familia. Todo siguió en curso de manera natural hasta que el 16 de Marzo nos vimos obligados a cancelar nuestras visitas al barrio debido a la Pandemia.

Tuvimos que adaptarnos a las nuevas condiciones de trabajo. Se nos hizo cuesta arriba la comunicación con las familias; algunas no contaban con un celular y a otras no les llegaba los mensajes que enviábamos. También teníamos el inconveniente de que los lugares cercanos al barrio donde podían realizar el pago de los cupones estaban cerrados y, por otro lado, no estaba permitida la circulación en transporte público para la gente sin permiso. Por último, muchas familias perdieron sus trabajos o no podían salir a ganarse el pan del día con sus changas; tuvieron que empezar a elegir entre comer o pagar su baño.

En medio de toda la incertidumbre a nivel pandemia y todos los inconvenientes que tuvimos que sortear para seguir manteniéndonos rumbo a la construcción, pudimos consolidar una relación con un comedor del barrio. Todo inició cuando Módulo Sanitario se tuvo que reinventar y comenzó a distribuir kits de higiene para poder seguir brindándole ayuda a familias de varios barrios. Se realizaron 5 entregas en nuestro barrio (entre Abril y Julio) y la necesidad era tan grande que no solo el stock de productos se terminaba al rato de haber iniciado, sino que hacían fila sábado de por medio por las dudas de que fuéramos ese día a repartir kits. El Comedor Refugio de los Niños se había convertido en una “sede” de Módulo Sanitario.

Forjamos relación con Vivi y Elena, dos de siete las mujeres que ayudan siempre en el comedor. Les llevamos ropa y alimentos en alguna oportunidad y cajas de caramelos y peluches en otra. Ellas nos contaros cómo el barrio atravesaba la situación. Nos contaron que debieron organizarse con otros comedores y ollas solidarias para poder brindarle a la gente al menos 1 plato al día y cómo pasaron de tener 60 familias a comienzos de la cuarentena a tener 200.

Los días que fue necesaria nuestra visita a las familias se nos hicieron más difíciles. Debido a la cuarentena no todo el equipo podía estar presente, éramos pocos recorriendo casa por casa para explicarles detalles y aclararles todas las dudas con la ayuda de la cinta métrica, un aerosol y muchos dibujitos hechos a mano. Nuestros sábados de visita se alargaron y tuvimos que equiparnos no solo de agua, sino de sándwiches, bananas y galletitas.

Todo era, a la vez que más difícil, más motivador para seguir peleándola. Nos animaron algunas de las historias que recordamos de las familias. Jorge y Cintia, pareja de cartoneros, nos habían cruzado un día mientras pateábamos las calles del barrio a fines del 2019 y al reconocernos nos dijeron: “Ustedes son de Módulo, ¿no? A nosotros nos asignaron para hacer la casa y queremos tener el baño también”. También recordamos a Jessica, encuestada por primera vez en Julio del 2018, que había sido asignada por 4ta vez -récord en nuestro barrio-: estaba más motivada que nunca y había terminado de pagar el módulo. No lo podíamos creer…

Y después de tanta espera podemos festejar que este finde 26 y 27 de Septiembre finalmente vamos a poder construir junto a ellos ese tan ansiado baño que les prometimos, hace 5 meses, el día que los asignamos. Llegamos. Y aprendimos en el camino. Aprendimos a adaptarnos a un tiempo en el que la distancia física no permite un abrazo y el barbijo oculta la sonrisa que siempre llevamos.

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